20 de Junio de 2017
‹'El error principal fue abandonar lo trascendente, hemos domesticado a Dios.'›

El declive de la Iglesia en Estados Unidos
Hablar de la Iglesia siempre es delicado, a veces, la línea que separa la opinión honesta de la crítica es muy fina, y difícilmente aceptada, es por ello que el silencio es normalmente la opción más prudente.
Pero estas reflexiones del padre neoyorquino Bill Peckman, destinado en Missouri, en las que medita sobre los motivos por los que la Iglesia Católica está en retirada en Estados Unidos, merecen mucho ser leídas, por lo honradas, por lo certeras, por lo claramente que señala cual es y dónde está el verdadero problema de muchas parroquias.
“Paso mucho tiempo leyendo y orando sobre por qué la Iglesia está en declive en este país.
La llegada de inmigrantes de América Latina disimula la disminución, pero incluso con esto, todos los indicadores están decreciendo: bautismos, confirmaciones, matrimonios, ordenaciones sacerdotales, número de religiosos y religiosas, niños en escuelas parroquiales y programas religiosos. Es un panorama sombrío.
La respuesta es sencilla: Hemos desviado nuestra atención de lo que de verdad importa.
Por supuesto, no estoy hablando de todas las parroquias. Creo que mi propia parroquia ha hecho grandes progresos, pero dicho esto, como Iglesia en este país, hemos desviado nuestra atención de lo fundamental.
El error principal fue abandonar lo trascendente, hemos domesticado a Dios.
Nos hemos convertido en arrianos funcionales, esto no significa racista (que sería arios), significa que actuamos como si Jesús fuera meramente humano, que Él es un gurú, un maestro de autoayuda genial, un trabajador social extraordinario.
La Misa empezó poco a poco a centrarse menos en la adoración a Dios y más en buscar el entretenimiento y generar sentimientos.
Nuestras iglesias dejaron de parecer católicas y fueron invadidas por iconoclastas, pasamos de tener iglesias que eran un marco de nuestra fe católica, a “espacios sagrados” que parecían más bien teatros de entretenimiento.
Algunas funcionan igual que los teatros, la adoración transformada en entretenimiento… es mucho más importante lo que me llevo que lo que yo aporto, un mero entretenimiento, superficial y pasajero.
Y al desgarrar el corazón trascendente de la adoración, la Misa pierde todo su sentido y su importancia.
No es de extrañar que la creencia en la Presencia Real de Cristo en la Eucaristía se haya hundido, ni que las vocaciones sacerdotales se hayan desplomado.
Con la fe vaciada de lo trascendente, la vida católica perdió su sentido, la vida piadosa y contemplativa en las parroquias se fue secando… y una vez eliminada la trascendencia, la conciencia se desplomó detrás de ella, las colas para hacer confesión desaparecieron… las familias se encogieron cuando empezaron a negar la existencia a sus hijos… el ambiente ruidoso de los niños dio paso a espacios vacíos y silenciosos. La cultura secular se impuso sin prácticamente respuesta.
Las obras de misericordia fueron desapareciendo mientras una falsa idea de justicia social tomó su lugar.”
“En este ambiente, lo lógico es que la gente se fuera. Sin lo trascendente, no ofrecemos nada más que cualquier otro grupo u orden fraternal.
Sin lo trascendente la objetividad moral se desvanece al dejar de lado lo realmente importante. El 78% de los católicos simplemente dejan de venir a la Misa.
Sin la fuente y la cumbre que es la Eucaristía, la vida católica muere … se muere de hambre.
Pero los que se van, aunque no vayan a ninguna otra parte, todavía tienen ese anhelo, muchos se identifican como “espirituales pero no religiosos”. Todavía hay una sed por lo trascendente, y si no pueden saciarla con nosotros, buscarán en otra parte, aunque eso signifique incluso inventarse algo ellos mismos.
Podemos despreciarlos y burlarnos de ellos porque no se sienten atraídos por algo que ya no les dice nada, pero el problema no está en ellos…
Comencemos por concentrarnos de nuevo en lo trascendente, en nuestras estructuras, nuestra adoración, nuestra música, nuestra predicación y nuestra enseñanza.
Esto no significa que ignoremos lo material. ¡De ningún modo! Las lecciones de lo trascendente deben encontrar un hogar en nuestras vidas.
Si Dios ha puesto un anhelo, una sed por Él en cada uno de nosotros, ese debe ser el foco de la Misa. Si en ella no nos enfocamos en Dios y nada más, no dejaremos a la gente más opción que buscar en otra parte.
Una vez damos a Dios el timón de nuestras vidas, de pronto nos encontramos con el deleite de ser contra-culturales. Estamos en el mundo pero no somos del mundo, somos levadura, luz, sal y cualquier otra descripción transformadora que Jesús usó para describir a Su pueblo.
Si vivimos de acuerdo a la cultura secular que nos rodea y a veces, se nos impone, entonces apenas podemos ser más que testigos de la multitud de personas que buscan algo para llenar ese agujero que Dios, o mejor dicho, la ausencia de Dios, ha dejado en sus almas. Después de todo, San Agustín nos recuerda que «Nos hiciste, Señor, para ti, y nuestro corazón está inquieto, hasta que descanse en ti»
Necesitamos enfocarnos en lo importante, nuestros ojos necesitan estar en Cristo. No sólo el sacerdote, sino toda la congregación necesita estar en Cristo.
Mi deber como sacerdote, como pastor de almas, es estar seguro de que el foco está en Él.”